sábado, 3 de noviembre de 2012

Método de descuento de cash flows

Es lo que se denomina "prima de riesgo", de manera que
k = r + p
Donde k es la rentabilidad exigida, r es la tasa de retorno de un instrumento sin riesgo y p es la prima de riesgo. r es fácil de hallar: basta con tomar la rentabilidad de las letras del Tesoro. El problema aparece cuando tratamos de cuantificar p.
El primer paso lógico es descomponer la prima de riesgo de una acción en el componente de riesgo inherente al mercado de renta variable frente al activo libre de riesgo y en el de riesgo incremental de la empresa en cuestión respecto al mercado.
El método más intuitivo para hallar el primer componente es el de la observación de una serie histórica de la diferencia entre la rentabilidad del mercado de renta variable y las letras del Tesoro. Este procedimiento presenta dos inconvenientes:
·         La supuesta prima de riesgo cambia con el tiempo y siempre será arbitraria la elección del periodo a considerar, la forma de promediar, etc.
·         Las diferencias se observan a posteriori. Juzgando por la tremenda disparidad entre las rentabilidades obtenidas por los mercados y las previsiones que sobre esas mismas rentabilidades tenían los analistas a principios del periodo, es difícil concluir que la diferencia real refleje la prima de riesgo. Por ejemplo, para el año 98 se preveía una ganancia del 10% para el IBEX35, cuando la rentabilidad real fue superior al 35%. Esto nos supondría una prima de riesgo del 30% (35% - 5% = rentabilidad del IBEX - rentabilidad de la letra del Tesoro) si nuestra observación se limitase a ese año. Sin embargo, es obvio que los inversores no pueden conocer a priori la rentabilidad de los activos en los que van a invertir; por tanto, se deben guiar por las previsiones a la hora de tomar las decisiones. Eso indicaría que la prima de riesgo "a priori" sería del 5% (10% - 5%), mucho más coherente con el comportamiento normal de las dos clases de activo. En cualquier caso, y a falta de un método mejor, la serie histórica aderezada con las modificaciones del analista en cuestión (¿quién dijo que el análisis no es un arte?) cumple con su cometido de darnos una estimación de la prima de riesgo de mercado. A principios de 1999, el consenso apunta a una prima de entre 3.5%-5%. 

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